EL ARREPENTIMIENTO

Según el diccionario, arrepentimiento es la enmienda o corrección de una opinión o acto. Es el pesar o remordimiento que sentimos por haber hecho o dejado de hacer alguna cosa.   Pero la Fe que nos lleva  a aceptar a Jesús como nuestro salvador debe ir acompañada por un genuino arrepentimiento por nuestros pecados, un arrepentimiento Bíblico y este es el que produce un cambio verdadero y radical en nosotros, una auténtica modificación en nuestra conducta.

“El que encubre sus pecados no prosperará;  mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia”.  Proverbios  2: 13

Arrepentirse, es confesar el pecado y apartarse de él.  La barrera entre nosotros y Dios es nuestra naturaleza pecaminosa, nuestra propia concupiscencia.  Arrepentimiento y  Fe son el resultado de escuchar y creer en la palabra de Dios. Todas las personas somos pecadoras  y necesitamos el amor perdonador del padre, la redención a través de Jesús y  la renovación del Espíritu Santo.

Quien realmente se arrepiente  ve el pecado de una manera  distinta de quien NO  se ha  arrepentido de verdad… Su cambio es definitivo  y no hay vuelta atrás.  Abandona totalmente el  pecado  y ya no lo ve como algo deseable,  fascinante,  lo ve como despreciable  y vergonzoso. Se admira de cómo pudo haber hecho o deseado algo así.

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.”  2 de Corintios 7:10

El arrepentirnos de nuestros pecados, es una Decisión. Es la decisión de reconocer y rechazar nuestras faltas, es un cambio drástico  de opinión y de sentimiento con respecto al pecado. Es dar un giro en U, una vuelta de 180 grados en nuestra visión de la vida.  Es dejar de hacer las cosas que van en contra de los mandamientos, es volver nuestra cara a Dios y entregarle nuestra vida, para que Él transforme nuestra manera de pensar, nos limpie, nos purifique por dentro y nos llene de su Espíritu Santo.

Muchas personas se arrepienten y vuelven a caer, porque no voltearon su corazón a Dios. Si dejamos de pecar  y no nos tornamos a Dios,  volveremos a pecar…. ¿Qué es volver la cara a Dios?… Es tener un corazón dispuesto para Dios,  es Orar y leer la Biblia, es pedir perdón todo los días, es ayunar,  es congregarse en una iglesia…. Si no lo hacemos así,  ten la seguridad de que volveremos a caer y esa recaída nos va a hacer  sentir frustrados…

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.”  Salmo 51: 7

Solo Dios nos reviste, nos llena del poder y nos da la fortaleza de cuerpo y espíritu para resistir la tentación, para poder vencer nuestra naturaleza y para no regresar a nuestra antigua vida de pecado.  El verdadero arrepentimiento hace que veamos nuestra propia conducta como algo  censurable, que al  mirar  hacia atrás en nuestra vida, exclamemos sorprendidos: ¡Que terrible!     ¡Como pude hacer eso!                                                                                                                                                                                                                           En cambio, quien  no tiene un verdadero arrepentimiento,  puede ver que el pecado lo está  arruinando, sabe que lo destruirá y sabe que Dios lo va a castigar por seguir por ese camino, pero, a pesar de las consecuencias, el pecado le parece todavía agradable, le gusta tanto que no quiere alejarse de él.  Lo sigue disfrutando  y  saboreando.   Si el arrepentimiento No es verdadero,  no viene acompañado de una transformación.  El cambio es temporal y pronto  volvemos a nuestros viejos caminos.

 “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah”    Salmo 32:5   

Una vez que reconocemos nuestros  pecados,  sólo necesitamos arrepentirnos y aceptar  a Jesús como nuestro Señor y Salvador para ser perdonados, porque Él murió en la cruz  por nosotros y resucitó,  venciendo el pecado y la muerte,  y con este increíble acto de amor,  estableció un puente entre Dios Padre y nosotros.                                                                                                                                                                                                         El arrepentimiento de nuestros pecados implica una metamorfosis, una renovación del estado de la mente. El pensamiento es transformado  y vemos las cosas de una manera completamente diferente.  Quien se arrepiente de corazón, cambia su vida,  a una vida rendida a Dios y a su autoridad.  Una vida que cambió el camino de obtener por el camino de dar.

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